Lectura y capacidad cognitiva

Lectura y capacidad cognitiva

Quienes son asiduos a la lectura saben bien lo que se disfruta cuando se está leyendo un buen libro. Esa sensación de meterte en la historia, y esas ansias por saber como continua, son habituales cuando estamos inmersos en el relato que nos brinda un libro de ficción. Podemos estar todos de acuerdo en que leer es una actividad que proporciona placer, nos es beneficiosa en tanto que es agradable y divertida.

Además de este grato beneficio, la lectura también es de utilidad para la mejora de la capacidad cerebral y tiene un sinfín de efectos que estimulan nuestra función cognitiva. Esto es especialmente interesante en dos etapas concretas de la vida: la niñez y la vejez.

En el caso de los niños es recomendable iniciar desde bien pequeños el hábito de leer, siempre con un material acorde a la edad del niño para que así, la lectura se convierta en una actividad agradable y no en una obligación.

En este periodo el cerebro está en constante desarrollo. Todas las estructuras cerebrales van creciendo y asumiendo nuevas funciones. De esta forma, podemos aprovecharnos del poder de la lectura, que nos servirá como refuerzo para estimular el desarrollo cognitivo que se da en edades tempranas.

Asimismo, la lectura es muy eficaz en la estimulación cerebral de personas mayores. Cuando uno va cumpliendo años, especialmente a partir de los 50, es probable que sufra un enlentecimiento cognitivo, esto es, un deterioro más o menos notable de la capacidad mental, como por ejemplo, calidad de la memoria, razonamiento, habilidades lingüísticas, etc. Sin embargo, es posible mantener una buena habilidad cognitiva, un buen funcionamiento cerebral aunque tengamos una edad avanzada, y la lectura nos puede ayudar a preservar todas las funciones cerebrales.

En este punto es necesario introducir el concepto de reserva cognitiva.

La reserva cognitiva sería la resistencia de nuestro cerebro a preservar sus funciones y hacer frente a un posible daño neurológico. Sería la optimización de los recursos cerebrales y un mecanismo protector de daño cognitivo, es decir, una defensa frente a enfermedades neurodegenerativas, como las demencias o el Alzheimer.

A través de numerosos estudios se ha puesto de manifiesto como la lectura aumenta la reserva cognitiva de las personas mayores. Leer estimula la actividad cerebral en la vejez, y protege frente a deterioros cognitivos, daños cerebrales, o incluso demencias.

Pero los beneficios de la lectura no se circunscriben sólo a estas etapas del desarrollo, si no que leer es un hábito recomendable y del que podemos aprovecharnos en cualquier franja de edad.

 

Algunos de sus beneficios son:

1. Mejora de la función cerebral: La lectura establece nuevas conexiones cerebrales, creando nuevas redes neuronales que permiten un incremento de la función cognitiva. Así pues, leer nos ayuda a tener una buena capacidad lingüística, mejorando la habilidad para entender y relacionar conceptos entre sí. Es de utilidad también para aumentar la calidad de la memoria y para mejorar la atención y concentración. Además incrementa la capacidad imaginativa, al representarnos mentalmente aquello que estamos leyendo.

2. Higiene del sueño: Leer antes de dormir nos ayuda a relajarnos y conciliar mejor el sueño. Si hacemos esto por norma y lo convertimos en un hábito, estaremos relacionando la lectura nocturna con el sueño, con lo que sólo el hecho de acostarnos con un libro entremanos, inducirá de manera rápida la sensación de sueño.

3. Mejora de la empatía: al leer libros de ficción, en los que el autor desarrolla una trama y unos personajes determinados, estamos ejercitando aun sin pretenderlo, nuestra empatía. Cuando leemos literatura, nos metemos en la piel de los personajes, y en cierto modo podemos vivir sus vidas y entender sus emociones y pensamientos. Esto nos proporciona un mejor entendimiento del otro y mayor comprensión social, rasgos esenciales para la correcta adaptación social.

4. Reduce el estrés: La lectura es una actividad placentera que nos proporciona bienestar. Este bienestar contribuye a reducir los niveles de estrés a los que en los tiempos actuales estamos sometidos la mayoría de nosotros. Mientras estamos leyendo podemos dejar a un lado todas las preocupaciones o cosas pendientes que tenemos, para meternos de lleno en la realidad de los personajes del libro, lo que favorece esa desconexión mental de los problemas cotidianos. De acuerdo a un estudio de la universidad de Sussex, leer puede reducir los niveles de estrés en un 68%. Un porcentaje nada despreciable y mayor que actividades como caminar o escuchar música.

 

Vistos todos los beneficios que nos proporciona la lectura es momento de plantearse recuperar un habito que muchas personas van perdiendo a lo largo de su vida, o mantenerlo y seguir disfrutando, en el caso de los que todavía conservan el privilegio de la lectura.

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